VERANO EN GRAZALEMA (2011)
Faltan horas para que acabe el verano 2011 y hemos recopilado unas cuantas fotografías tomadas en estos meses de estío. No es la mejor época para dar paseos por la Sierra (salvo que hagamos una marcha nocturna o salgamos muy temprano a caminar), pero siempre hay un rato para disfrutar, ya sea en las fiestas del pueblo o buscando cualquier rincón al fresco.
Vista de Grazalema desde el Guadalete.
La antigua Puerta de la Villa.
Callejón detrás de la iglesia.
Colección de fachadas.
Esta polilla nocturna (geometridae) de alas pilosas destaca sobre la cal.
Paisano de vuelta de la huerta.
Ruidosos vencejos sobre los tejados. De fondo el pico San Cristóbal.
La Plaza de la Asamblea, donde coinciden pinsapos y palmeras. Presidiendo, el Peñón Grande.
Atajando camino.
En Grazalema, como en todos los pueblos de nuestra geografía, el verano es tiempo de fiestas y celebraciones. En la imagen la patrona del pueblo en su ermita.
La misma imagen procesionando.
La Plaza, siempre copada mientras el toro de cuerda o las vaquillas corren las calles.
"Serranas" de las fiestas 2011.
Almuerzo colectivo el último día de las fiestas; este año "menudo".
También hay actividades culturales. Como el concurso, en junio, de pintura al aire libre. Aquí los artistas prueban los colores en un improvisado lienzo.
En las cercanías del pueblo, la Ribera de Gaidovar es de los valles mas frescos; en su arroyo nunca falta el agua.
El cercano embalse de Zahara-El Gastor también nos sirve para aliviar las calores.
Por la tarde, cuando refresca, llevamos a los jóvenes de la familia a practicar rápel.
Y en el Guadalete, con poca agua en esta época, Ale y Pablo están al fresco mientras intentan pescar barbos.
Las libélulas abundan en zonas con agua.
Saltamontes "cazados" sobre piedra, hierba y metal.
Cientos de cigüeñas, agrupándose para la migración a Africa, sobrevuelan Grazalema a finales de agosto.
Los piruétanos de Campobuche repletos de frutos.
Frutos de la amapola adormidera. Cuando se secan son muy decorativos, pero primero los cernimos para que suelten las semillas.
Las flores de un granado tiñen de rojo los chinarros de caliza en la puerta de una casa serrana.
El verano es también tiempo de descorcha. Estas planchas esperan en Campobuche para ser transportadas.
Esta ranita de San Antón (Hyla meridionalis) aguanta el verano junto a las pocas charcas del río Gaduares.
Este ejemplar de sapo común (Bufo bufo) no tuvo suerte en su afán de ampliar horizontes al cruzar la carretera.
A primeros de julio volvimos a retratar esta bella orquídea de verano (Spiranthes aestivalis), la única que florece en plena canícula. Pocos días después se secaba esparciendo sus semillas.
Entre el pasto seco y agostado destaca en verano esta flor de Atractylis gummifera, o cardo de la liga. De esta planta se extrae un pegamento que untado en las varetas servía para cazar pajaros. Actividad hoy totalmente prohibida.
Insectos encarados.
Y al final del verano, como todos los años, subimos a la Sierra para recolectar endrinas. Las ponemos a macerar en aguardiente, con el resto de ingredientes, y a esperar que se convierta en licor de endrinas (vulgo: pacharán).

Nos llamó la atención, en las ramas de los endrinos (Prunus spinosa), estos curiosos (por su forma triangular) escarabajos. Se conocen como "gusano cabezudo" (Capniodis tenebrionis). Se alimenta de las hojas del endrino, pone sus huevos junto a las raíces y sus gusanos se comen las ramas matando al arbusto.
Hemos vuelto a ver una hembra de ciervo, esta vez en el Puerto del Boyar. No es normal ver a estos grandes hervíboros en esta zona alta y escarpada de la Sierra. Puede ser el mismo ejemplar que vimos hace un año en el valle de Dornajo, puede que viva perdido y alejado de sus congéneres.
Acaba el verano y nos acercamos a los bosques de alcornoques de Grazalema. Es el hábitat idóneo para el ciervo y estamos en época de berrea.
El atardecer y el amanecer son los mejores momentos para ver/escuchar la berrea. Nos apostamos en un roquedo sobre zonas abiertas del bosque.
Vemos, y oímos, grandes machos persiguiendo a las hembras pero la poca luz no nos permite fotografiarlos. Desde nuestro mirador natural vemos Grazalema "encendiéndose" al atardecer.
Al poco de amanecer tenemos un encuentro poco habitual y que apenas duró unos segundos: un corzo (Capreolus capreolus), el cérvido mas pequeño de eurasia y de seguro el animal mas esquivo y difícil de ver en nuestras sierras. Fué escuchar el click de la cámara y desaparecer en este rincón selvático del bosque.
A primeros de septiembre tuvimos un par de días de lluvia; refrescó el ambiente pero enseguida volvió el calor y demás rigores del verano. Pero fué suficiente para que floreciera esta Scilla autumnalis. Este jacinto de otoño se ha adelantado a su ciclo habitual de floración, por eso la vemos junto a unos caracoles en estivación.


Soy socio del Club Montañero Sierra del Pinar desde 1975

Esperanza dijo
¡ Vivimos en el paraíso, sin duda!
21 Septiembre 2011 | 05:17 PM