IPTUCI y HORTALES * El hombre y la sal
El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal.
(Graham Greene 1904-1991, novelista británico)
Hace poco mas de un año que visitamos las Salinas de Hortales (Prado del Rey, Cádiz). Estaban siendo rehabilitadas y como era fin de semana no había actividad alguna. Quedamos con José Antonio (joven emprendedor, propietario y relanzador de la actividad salinera en la sierra) que volveríamos a las salinas pero para verlas en plena actividad. Hemos vuelto este verano.
Madrugamos para llegar antes del amanecer a Hortales. La jornada en la salina comienza todavía de noche para evitar los rigores del verano andaluz. Los días que corre viento de levante son los mas "productivos" porque la sal cristaliza y seca mejor, pero el calor sobre el blanco prismático de la sal llega a ser inhumano en las horas del mediodía. Por eso hay que evitarlas.
Es temprano y el sol todavía no asoma por detrás de la Sierra de Grazalema, además brumas y nubes matinales hacen mas llevadera, si cabe, las faenas en la salina.
Tras romper la capa superficial con una zoleta (o azada) hay que rascar y amontonar la sal en los laterales de los cristalizadores.
El color rosado que puede observarse en las placas de sal está producido por un alga microscópica capaz de desarrollarse en este ambiente hipersalino. Es la Dunaliella salina, que destaca por tener una gran cantidad de pigmentos, entre ellos el betacaroteno que da este color asalmonado a la sal.
Subimos por la salina en busca del manantial. Un paseo habilitado corre paralelo a la acequia que reparte el agua para los cristalizadores o granjas.
Varias balsas en la zona cercana al manantial son los calentadores, donde el agua es retenida y se evapora ganando concentración. En el cerro del fondo empieza a dar el sol. Es el Cabezo de Hortales, sobre su cima amesetada se encuentran las ruinas de Iptuci.
Cualquier impureza o ramita que caiga en estas balsas sirve de base para la formación de cristales de yeso con formas de singular belleza.
El manantial mantiene un nivel constante de agua todo el año, que se sepa no se ha secado nunca y el agua brota a mas de 20º C.
Desde este lugar es visible casi toda la salina, está proyectado habilitar un mirador. Por encima de las nubes y brumas aparece el Pico de la Silla (919 m.).
José Antonio nos invita a visitar unas salinas abandonadas, que fueron propiedad de un familiar: el Tío Tenazas. Mientras andamos paralelos al Arroyo Salado aparecen mantos de sal sobre el terreno arcilloso.
Encontramos restos de una antigua conducción hecha con tubos de barro cocido.
Un pequeño "Pamukkale" de sal nos enseña como resuma agua salada por la zona.
Junto al arroyo se aprecia una construcción con gruesos muros de cantería. Podría ser una piscina o terma utilizada en la antigüedad?
Llegamos a la antigua Salina del Tío Tenazas. Puede que pronto desaparezca por la acción de los elementos.
Cerca está la Venta Los Molinos que ofrece una piscina de agua salada captada del manantial que surtía a la salina abandonada. Todo un baño de lujo en agua mineral natural. De fondo, siempre el Cabezo de Hortales.
El Arroyo Salado mantiene un cauce mínimo con el agua sobrante del manantial de Hortales y otros aportes menores.
Suciedad en el cauce.
Volvemos a "nuestra" salina cuando el sol ya se levanta suficiente.
Un pequeño acueducto ha sustituido a los canalizos de madera.
Nos fijamos con atención y vemos los únicos seres que a simple vista viven en estas aguas fuertemente saladas y, por tanto, tóxicas. Se trata de un pequeño coleóptero acuático, aunque puede volar si sale del agua. Es el Oschthebius andalusicus, un endemismo andaluz de aguas salinas interiores (sólo presente en cuatro arroyos salinos de Córdoba y en estas salinas de Hortales). Su larva no se conoce pero se supone de vida anfibia. ¡¡ Increíble como puede haber vida en este ambiente !!
José Antonio nos invita a conocer su casa. Un antiguo cortijo reformado junto a la salina donde mantiene una pequeña viña de uva tinta. Nos enseña algunos artilugios con los que piensa montar un pequeño museo para los visitantes. Nos cuenta que con esta prensa de madera su abuelo compactaba cilindros de sal para facilitar su venta al público. Además de marcarla con su nombre (Salinas Raimundo).
Un pequeño palomar que se mantiene bien conservado.
Como hemos empezado pronto el día nos da tiempo, antes del almuerzo, de subir al Cabezo para disfrutar de sus vistas y visitar sus ruinas.
En unos salientes de roca en la ladera del cerro pueden verse unos hipogeos pertenecientes a la necrópolis romana de Iptuci.
A medida que subimos las vistas mejoran. Hacia el norte la población de Prado del Rey, con el castillo de Matrera a su izquierda.
A levante el caserío de El Bosque con las Sierras del Labradillo y de Zafalgar detrás.
Hacia el sur el Embalse de Los Hurones que casi rodea al Cabezo de Santa María. Detrás el P. N. de los Alcornocales.
En la parte mas alta de la meseta un vértice señala los 467 m. de altitud.
El suelo está lleno de restos de muro y grandes trozos de "tegulae".
A poniente nos topamos con un ancho muro con torres en sus esquinas. Debajo un extenso bosque de encinas y quejigos, y detrás la campiña agostada. Al fondo una mancha azul y blanca es el embalse con el pueblo de Bornos a su orilla.
Descansamos junto a el tronco caído de una vieja encina y descubrimos esta enorme araña. Eusparassus dufouri es uno de los arácnidos de mayor tamaño de la península, no tejen telaraña y cazan entre la hojarasca del suelo, grietas de rocas y cortezas de arboles.
Esta puerta en codo y los muros pertenecen a una fortaleza nazarí construida sobre la Iptuci romana, incluso aprovechando sus restos.
Esta Mantis se enganchó a la cámara de Paco Vera, que junto a Pablo nos acompañó en esta andanza.
Vista "aérea" de las Salinas desde el Cabezo de Hortales. Abajo con mas zoom.
También con el zoom una toma de las crestas del Pinar con la máx. cota provincial el Torreón o Pinar (1.654 m.). Debajo, cubierto de pinos y encinas el Albarracín (975 m.).
Sin duda la conexión histórica y hasta prehistórica de las fuentes salinas de Hortales con los asentamientos del Cabezo de Hortales está mas que demostrada por los arqueólogos, que han datado ocupaciones desde 4.000 años a.c. hasta la Edad Media. La sal, que dió nombre a lo que hoy llamamos salario (salario deriva del latín salarium, que significa pago de sal, ya que en el antiguo imperio romano muchas veces se hacían pagos a los soldados con sal, la cual valía su peso en oro) fué durante siglos un producto clave para el consumo humano y para la conservación de alimentos.
Hoy, en pleno siglo XXI, las Salinas de Hortales siguen proveyendo de sal a panaderías de los pueblos de la Sierra, se usa para la fabricación de chacinas, para salmuera de encurtidos y, como no, para consumo humano. Cuenta José Antonio que su flor de sal se comercializa en Holanda como producto delicatessen.
PARA VISITAR LAS SALINAS DE HORTALES
639 467 512
salinasromanasinterior@gmail.com

Soy socio del Club Montañero Sierra del Pinar desde 1975

kiko dijo
Hace tiempo que tenía ganas de visitar la salina. Me han gustado mucho las imagenes e información respecto a ellas, y no solo tenemos el blanco de la nieve, sino que también tenemos el de la sal.Saludos.
13 Septiembre 2011 | 05:56 PM