La Coctelera

josemanuelav

20 Mayo 2013

Por fin... en PEÑA ARPÁ


"Discretamente florecía, cerca del Reino de Lascuta, en los confines de el Reino de Torrestrella, en un margen del sendero de la cañada real que unía a ambos Reinos. Era una planta única en el mundo la que se escondía en este recóndito y apartado lugar… ¡En la Peña Arpada! Una montaña que sirvió como cantera para hacer ruedas de molino hace mucho, muchísimo tiempo."

Cuento original de Paco Vallejo (Málaga)


 

Por fin. Esta primavera pudo ser. Llevaba años intentando fotografiar una flor única que solo se dá en Peña Arpá. Así conocen, paterneros y alcalaínos, a este peñón jurásico que destaca entre verdes lomas. Peña Arpada es una aglomeración de agujas y peñas que nos recuerda, desde lejos y por sus redondeadas formas, un pequeño macizo de Monserrat en plena campiña gaditana. En este minúsculo punto del mapa florece la Silene gazulensis; una joya botánica cuya única población mundial se mantiene, a duras penas, en las rocas y grietas de este mogote rocoso. Hemos visitado Peña Arpada en varias primaveras, pero nunca era el momento adecuado. Esta vez sí. Por fín... fotografiamos la Silene posiblemente más vulnerable del planeta.

 

Casi de un día para otro el amigo Paco Vera me propuso acercarnos a Peña Arpada para buscar la flor. Amenazaba lluvia pero el tiempo nos respetó. Desde Paterna de Rivera, paramos a la altura de la Peña de la Bastida para fotografiar la inconfundible silueta de Peña Arpada.

Aprovechamos una cañada real para acercarnos a la peña. En este lugar hay varios rezumes de agua salada. Como no están catalogados los hemos enviado a www.conocetusfuentes.com.

Detalle de la sal. Estos afloramientos ya fueron estudiados por el gaditano José Macpherson en su "Bosquejo Geológico de la Provincia de Cádiz" publicado en 1873.

Entre las piedras del suelo quedan restos de ladrillo y losas. Puede que de antiguo se remansara el agua en estos huecos y así procurarse sal para la alimentación o el ganado.

En estos prados de subida a Peña Arpada encontramos este florido tapiz de Cleonia lusitanica. Un endemismo ibero-magrebí que está presente en toda Andalucía.

Y una población de salsifíes (Tragopogon hybridus) de muy bajo porte, puede que por el viento que pega en estos prados abiertos.

Estamos cerca de Peña Arpada . Según el DRAE, arpada significa: "que remata en dientes pequeños como de sierra". Una palabra poco usada pero que le viene "ad hoc" a estos peñascos.

Convolvulus meonanthus y Convolvulus tricolor. Dos campanillas muy comunes y fáciles de confundir.

El amigo Paco llegando a las últimas rampas antes del roquedo.

Primer Carthamus lanatus en flor de esta temporada. Este cardo parece estar cubierto de telarañas pero, como su propio nombre indica, esa lanosidad es propia de la planta.

Aunque Peña Arpada pueda parecer un lugar poco accesible, hay un par de accesos fáciles sin necesidad de trepadas.

Entre los peñascos hay varias especies de plantas aromáticas como este manrubio (Ballota hirsuta).

Y fotografiando el manrubio apareció este precioso coleóptero: Zonitis inmaculata.

Ya casi en lo mas alto de Peña Arpada encontramos esta piedra de molino prácticamente terminada de labrar. Este lugar fue una cantera donde se extrajeron estas piedras para molinos harineros de la zona.

Restos de construcción que pudo servir de refugio para los canteros.

Para subir a la peña mas alta hace falta trepar y escalar. Nosotros nos contentamos con asomarnos a los cuatro puntos cardinales y disfrutar de las vistas. Hacia el oeste Los Alcornocales.

Hacia el sureste el cerro de Medina Sidonia.

Hacia el sur los montes de Medina y el castillo de Torrestrella.

Buscamos la Silene, pero encontramos estos huecos redondeados de donde salió un piedra de moler.

O esta piedra con la forma medio hecha pero que no se acabó nunca.

Hacia el norte el valle del río Alamo, la Mesa del Esparragal y la Sierra del Valle.

Seguimos sin ver la Silene pero sí esta preciosa Stachys circinata, un endemismo de calizas béticas que se da entre las sierras de Cádíz y Murcia (y montañas del Magreb).

Intentando mimetizarse en un cardo fotografiamos este ortóptero verde de largas antenas anaranjadas.

Empezamos a bajar con un poco de desánimo. Una vez mas hemos "trasteado" por Peña Arpada y seguimos sin ver la ansiada Silene.

Pero..., como quien la sigue lo consigue, en un paredón orientado al norte conseguimos ver, por primera vez , la escasísima Silene gazulensis.

Silene gazulensis, una especie endémica muy localizada (y tanto), recogida en el Libro Rojo de la Flora Amenazada de España. Su principal amenaza es el sobrepastoreo y el bajo número de ejemplares. Cuando se hizo el estudio había menos de 100 plantas y parace que sigue bajando. Según los expertos debería crearse una microrreserva que ocupe el macizo calizo de Peña Arpada, excluir el ganado y almacenar semillas en bancos de germoplasma. Además de cultivar y reintroducir nuevos individuos y potenciar su valor como ornamental, al tratarse de una planta muy atractiva.

Contentos con el hallazgo salimos de Peña Arpada. Las nubes amenazan lluvia. Al fondo la Sierra del Aljibe.

Peña Arpada por uno de sus flancos mas escarpados.

Bajamos por una loma distinta a la subida. Poblada de monte bajo y cuajada de flores. Como veremos a continuación.

Aquí encontramos varias bellezas primaverales, como esta Scorzonera hispanica.

O este Delphinium pentagynum (espuela de caballero), que encontramos con flores cerradas, abiertas y estados intermedios.

Lomelosia simplex subsp. dentata. Flor de curioso aspecto que siempre llama la atención.

Pallenis spinosa, muy común y con una polilla minúscula en la flor.

Linum trigynum, una planta que no habíamos fotografiado antes.

Una salvia: Salvia barrelieri. Esta es endémica de Andalucía occidental y tiene en Cádiz sus mayor población.

Otra salvia, esta de flor blanca: Salvia argentea. Mas repartida por la mitad sur peninsular.

Dejamos Peña Arpada, aunque no la perdemos de vista. Como todavía no llueve nos acercamos al cruce de la Venta La Liebre, o cruce de La Joya. Allí sitúan los mapas una salina de interior y queremos ver que queda de ella.

En este lugar, bien poblado de cardos, encontramos a dos señores que se dedican a recolectar caracoles. Es la época y parecen muy profesionales. Utilizan la criba para evitar coger los caracoles pequeños.

En estos prados junto al rio Alamo encontramos este cardillo azul: Carthamus caeruleus (Carduncellus caeruleus).

De la misma familia es esta bicolor Centaurea diluta.

Buscando la "salina perdida" llegamos a este manantial que ha aparecido en el hueco de una cantera de yeso.

Dos ajos silvestres: Allium stearnii y Allium ampeloprasum.

De la Salina de la Joya solo quedan visibles estas balsas escalonadas, que estando en la parte mas alta del paraje deberían ser los calentadores. Desde estos huecos se repartía el agua a los cristalizadores, que se cubrieron con tierra hace ya bastantes años para favorecer el pasto para el ganado (según nos contó una propietaria de la finca). La explotación se abandonó cuando dejó de ser rentable.

Entre tanta viborera, responsable de esas grandes manchas moradas en el campo, encontramos este ejemplar de flor albina o ligeramente rosada. Algo que es normal en esta abundante especie.

Lo que no fue normal fue este "monstruoso" ejemplar de viborera (Echium plantagineum). Está claro que es una extraña malformación en esta planta tan común.

Tras las oportunas consultas parece que esta deformidad puede estar causada por una ácaro microscópico (podría ser Aceria echi) que inocula la planta cuando está brotando y esta responde así. Otra posibilidad es que esté provocada por los herbicidas. Sea como sea, fué la raeza del día, después del feliz encuentro con la Silene.

Dejamos estos campos y peñas, entre Paterna y Alcalá, cuando unos gruesos goterones empiezan a caer. Creemos que un poco de lluvia y fresco le viene bien a esta primavera, para que no acabe tan pronto.

(Gracias a Iñigo Sanchez y a Olegario del Junco por su ayuda en las identificaciones)



"…con el canto de los pájaros, vuelven a crecer unas pocas y pequeñas flores de Silene Gazulensis, que ilusionada se empeña en vivir allí, con su poder cedido al agua sulfurosa de una fuentecilla, con el deseo de que las dejen crecer discretamente, en su pequeña montaña, la Peña Arpada, para seguir siendo lo que es, la última florecilla mágica, del mundo entero. "

Cuento original de Paco Vallejo (Málaga)

 


 

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14 Mayo 2013

DEHESA DEL CASTAÑO_______laguna y monte en la campiña.

 


“Aquí no existe rutina. Cada día el campo es distinto. Cambia la estación, las condiciones climáticas, la vegetación, el paisaje, la fauna... Es para no hartarse".

(Angel Ote, montañero almeriense)


 

La Dehesa del Castaño aparece señalada en los mapas en el límite de las campiñas jerezana y sevillana. A vista de satélite destaca su verde monte cerrado, rodeado de campos de cereal y cruzado por algún que otro arroyo. Pero sobre todo se advierte una laguna escondida señalada como Laguna del Castaño. Esta dehesa está muy cerca de la barriada rural de Gibalbín, que se extiende en un tramo de casi tres kilómetros de carretera y cañada. En Gibalbín se celebra, a finales de abril, la romería dedicada a la Virgen del Castañar. Por aquí ya no hay castañares, puede que los hubiera antaño, ahora el nombre de este generoso árbol solo aparece en un cortijo de la zona y en esta dehesa que aprovechamos para recorrer en estos días, que se abre al público, para que celebrar allí la fiesta. Es el momento justo, en plena primavera, para conocer el paraje y su enigmática laguna.

 

La Dehesa del Castaño y su laguna no quedan lejos de la estrecha carretera entre provincias CA-4011 y SE-6201. Un paseo en una agradable tarde primaveral será suficiente para conocerlas.

Como está en finca privada aprovechamos que se abre, unos días al año, para la Romería de la Virgen del Castañar.

En esta época la campiña presta a la gente de campo (y también a urbanitas recolectores) afamados frutos de la tierra, como estos espárragos trigueros.

Frutos de la Tamus communis, una planta muy tóxica, enredada a una alambrada.

Allium roseum una planta muy común en nuestros campos y sierras. Su bulbo comestible también se recolecta en algunas regiones.

Malope malacoides, una malva de llamativas flores que tiene en nuestros campos sus mejores poblaciones.

Tenemos que cruzar el Arroyo de Cornicabra (cuyo nombre también nos habla de arboles que ya no están en la campiña) que está protegido como LIC, ya que sus aguas vierten a las cercanas lagunas del Complejo Endorréico de Lebrija-Las Cabezas.

La humedad del arroyo favorece a plantas como esta salicaria menor (Lythrum junceum).

Pero saliendo del cauce encontramos estas densas poblaciones de albaidas o matas blancas (Anthyllis cytisoides), que en esta época se cubren de pequeñas flores amarillas.

Otra leguminosa como la albaida es este arbusto de "Jediondo" (Anagyris foetida), cargado ya de frutos del tamaño y forma de las habas. Cuando pasamos a su lado su desagradable olor lo delata.

Flores masculinas, por el número de nervios (10) en el cáliz y estar pegadas al tallo (subsésiles) de Silene latifolia subsp. latifolia. Una planta cosmopolita que se da en todo el país excepto en las islas.

Y este hábitat tambien es ideal para este escarabajo endémico de la provincia, Alphasida gaditana, que este año hemos visto ya varias veces en nuestros paseos.

Flor de jara rizada (Cistus crispus), típica de zonas de monte bajo y matorral.

Para llegar a la laguna tenemos que subir a un empinado cerro donde unas enormes rocas oscuras y redondeadas nos llaman la atención. Son grandes piedras de Ofita, una roca de origen subvolcánico, que aflora en determinados puntos de la provincia.

La explicación es clara: la Laguna del Castaño es el hueco, relleno de agua de lluvia, de una cantera de ofita hoy sin explotar. A pesar de ello el lugar tiene su encanto.

Las paredes de la cantera aparecen tapizadas de mas albaidas (Anthyllis cytisoides). Estas matas están consideradas una buena especie melífera, y se distribuye por la península, Baleares, la Provenza y el Magreb.

Bajamos a la cubeta de la Laguna del Castaño, que presenta un aspecto raro para nosotros. Y es que las redondeadas piedras de ofita nos recuerdan, por un momento, a las lagunas de origen glaciar sobre roca granítica.

Junto a laguna retratamos esta Ononis viscosa, una planta con muchas propiedades medicinales.

Y esta especie de tomillo endémico de la península: Thymus mastichina.

Esta araña (Lycosidae) lleva una bolsa colgada con su puesta de huevos. Cuando salgan las crías se le subiran encima durante un tiempo.

Dejamos la Laguna del Castaño, que podríamos decir es seminatural. Ya que el hueco es por obra del hombre y el agua es por lo que cae del cielo. En sus aguas vimos ranas y alguna garza real voló a nuestro paso.

Volvemos a la carretera, pero antes vimos las primeras ramas floridas de Nepeta tuberosa subsp. tuberosa.

Nepeta tuberosa subsp. tuberosa es una planta exclusiva de la Península Ibérica y Sicilia.

Como las tardes ya son mas largas, y tenemos tiempo, nos pasamos al otro lado de la carretera para andar un rato por la Cañada Real de Jerez a Utrera. Subimos suavemente entre trigales hacia el Cerro de Gorumeña. Es el más alto de estos campos, entre Sierra Gamaza y Sierra de Gibalbín, y lugar donde coinciden cuatro términos municipales: Lebrija, Espera, Arcos y Jerez.

La cañada debería tener un ancho de 90 varas (unos 72 metros), pero con el tiempo (y ya sabemos por qué) ha quedado relegada al ancho de un Land-Rover.

Entre las espigas teje su tela esta curiosa araña con un dibujo oscuro con forma de botella. Es Mangora acalypha, única especie de su género presente en la península.

Preciosas hierbas floridas nos acompañan en la Cañada. Fumaria officinalis y Stachys ocymastrum.

En este lado hay hasta cuatro especies en flor, aunque destacan las viboreras (moradas) y las resedas (alargadas).

Flores blanquiverdes de Ornithogalum narbonense, común en la campiña.

Sierra de Gibalbín y Dehesa del Castaño desde el Cerro de Gorumeña. Un enigmático nombre que si se pone en Google sólo tiene una entrada: el propio cerro en un mapa.

Al borde del camino aparecen acebuches y lentiscos. De uno de ellos cuelga esta florida nueza (Bryonia dioica), una trepadora silvestre de la familia de los melones y pepinos.

Otra trepadora también en flor es esta aromática madreselva silvestre (Lonicera implexa).

Y la sorpresa botánica del día fue encontrar este clavel silvestre Dianthus anticuarius (D. gaditanus), que sólo habíamos visto en Grazalema. Es un endemismo andaluz típico de sierras calizas.

Y el Dianthus gaditanus estaba aquí por la cercanía de estos cortados rocosos de roca caliza. Un pequeño ambiente serrano en lo alto del Cerro Gorumeña.

En estos pequeños tajos encontramos otras plantas típicas de zonas mas altas, como este Antirrhinum sp. que podría ser A. majus o A. australe.

Sedum mucizonia, en las grietas de los cortados.

Desde los casi 200 metros de altitud llegamos a ver la Sierra del Aljibe.

Volvemos al atardecer con la idea de volver, con mas tiempo, a recorrer este tramo de Cañada Real que cruza la campiña y que tanto nos ha gustado.

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7 Mayo 2013

Las Lajas del Salado

“Mira dos veces para ver lo justo. No mires mas que una vez para ver lo bello”.

Henry-Frédéric Amiel (1821-1881) escritor suizo.

Las Lajas del Salado es un paraje espectacular del P. N. de Los Alcornocales, cerca de Jimena de la Frontera. Tiene casi todos los paisajes que se pueden encontrar en este parque: bosques, canutos, roquedos, herrizas, agua, aridez.... . Y todo elevado a la máxima belleza. Sin olvidar una flora y fauna de lo mas singular. Para conocer bien el lugar nada mejor que ir acompañados por gente del lugar. Profundos conocedores, desde que eran unos críos y acompañaban a sus mayores, de sus mas bellos rincones, sus topónimos mas antiguos, sus veredas y pasos mas precisos...  Todo un lujo de compañía y de sitio.

Ir y venir de Jerez a Jimena cuesta 280 kms., aunque de buena carretera. Para allá tiramos muy temprano para aprovechar bien el día. Como llegamos bien de tiempo paramos en las cercanías del pueblo para fotografiar un árbol singular. En la foto una inflorescencia de Allium ampeloprasum. El caracol estaba activo por la fina lluvia que nos recibió en Jimena.

Nos asombró este piruétano o peral silvestre (Pyrus bourgeana). No está catalogado como árbol singular y tiene unas dimensiones que lo merecen: 2,15 m. de perímetro en el tronco (más incluso en la base)  y una altura de 9-10 metros (a ojo).

Nos adentramos al Parque por la carreterilla de las Lomas de Cámara. En pocos minutos estamos en la finca El Cochino, contactando con el guarda, ya que tenemos permiso de la propiedad.

Nuestros inmejorables guías son Juan Manuel Conteras "el niño de las torres" y Diego Parra, que se crió en la finca con su familia. Dos jimenatos de pro que quieren y cuidan su pueblo y sus montes con auténtica devoción. Aman la sierra y la conocen porque se han criado en ella. "El niño de las torres" es un alias que le puso su abuelo, ya que de pequeño estaba todo el día jugando y entreteniéndose en el castillo de Jimena. Así lo conocen todos en el pueblo y todo él es un compendio de sabiduría de tradiciones y costumbres de Jimena. Diego no se le queda atrás, conoce todos los rincones de la finca El Cochino, donde trabajó en todas las faenas que tiene un alcornocal. Nos va mostrando hierbas y flores, que conoce por su nombre local y para lo que sirven.

Bajamos por el Arroyo de Júcar (según el mapa) o Arroyo del Juncá (Juncal), según nuestros guías. De nuevo encontramos controversias entre los topógrafos que señalaron los mapas y los lugareños. Puede que de oídas anotaran Júcar por Juncá (que es Juncal expresado en un andaluz rápido y económico).

.En este delicioso descenso junto al arroyo encontramos árboles poco frecuentes como el laurel silvestre o este avellanillo (Frangula alnus, subsp. baetica), ambas especies protegidas incluidas en la Lista roja de la flora vascular de Andalucía.

En esta época vemos muchas flores de plantas querenciosas a la cercanía del agua. Destacamos estas dos: Pedicularis sylvatica subsp. lusitanica (izq.) y  Vicia cracca o pseudocracca (der.), haría falta ver los frutos para aclararlo, pero son especies con pocas citas o muy antiguas en la provincia.

Pronto encontramos enormes peñascos que parecen  querer cortar el paso al arroyo.

Pero este se abre paso entre estrechos callejones de roca arenisca. Sigue lloviendo, aunque levemente.

Los grandes huecos extraplomados nos alivian de los frios goterones.

Llegamos a un gran hueco entre grandes y verticales peñascos. Diego nos indica que se conoce como "el toril de la sarna". En este hueco natural se metía al ganado afectado por esta enfermedad, aislándolo mientras se trataba y curaba.

La humedad chorrea por el suelo de este lugar. Nos agachamos y encontramos una población de Pinguicula lusitanica. La otra planta carnívora (mejor insectívora) de Los Alcornocales (junto con la drosófila). Es una planta de flor pequeña que se alimenta por las pegajosas glándulas de sus hojas. No la habíamos visto antes pues es muy escasa. Aunque se denomine lusitanica esta especie ocupa toda la fachada atlántica europea, desde el norte de Escocia al norte de Marruecos.

Pasamos por la parte superior del Cañón del Salado, el pasaje más estrecho del Arroyo de Júcar, que curiosamente desde aquí cambia su nombre a Arroyo del Salado.

Diego nos indica la leve repisa por donde salir del "toril de la sarna". La piedra resbala y hay que ir con cuidado. Sin sus indicaciones habríamos dado muchas vueltas y perdido mucho tiempo.

Con cuidado ganamos altura para llegar al punto mas alto de las Lajas del Salado. El amigo Paco Vera, también de Jimena pero residente en Cádiz y organizador de esta ruta, se resguarda de la lluvia con su sombrero de paja. Luego le serviría también cuando salió el sol.

Por encima del roquedo aparece la Loma del Salado en la Sierra de los Melones, que separa los tt..mm. de Jimena y Castellar.

Otra curiosidad botánica del lugar fué una aislada población de enebros de la miera (Juniperus oxycedrus subsp. oxycedrus).

Uno de los grandes abrigos que se abren en los tajos de las lajas.

Por fin llegamos al extremo norte de las Lajas del Salado. Ante nosotros se abre un amplio e inclinado suelo de roca arenisca. Hemos medido, en Iberpix, la superficie de las Lajas del Salado y nos salen casi 25 hectáreas; unos 50 campos de fútbol. Al fondo las verdes vegas del río Hozgarganta.

No todo son lajas inclinadas, también hay cortados y enormes peñascos que parecen haber llegado rodando.

Hace un rato que paró de lloviznar y..., tras comer algo disfrutando del amplio panorama, bajamos por la gran alfombra pétrea.

Iñigo Sánchez, también miembro de esta "expedición" se adelanta con su telescopio pajarero para intentar avistar nidos y buitreras.

Al fondo aparece el Cortijo del Alcachofar.

Estamos cerca del Arroyo y encontramos este caparazón de galapago.

En un salto pasamos de la aridez de la enorme laja al verdor del cauce del Arroyo del Salado. En un salto cambia todo: la flora, la temperatura, el color, la humedad.

Disfrutamos de saltos de agua y frondes de helechos mientras buscamos un lugar apropiado para pasar al otro lado.

Por suerte el caudal ha bajado, aunque se nota que hace poco tiempo ha llevado bastante agua.

Arroyo del Salado, que unos metros más arriba se llamaba Arroyo de Júcar.

En este ambiente fresco encontramos plantas tan llamativas como el Allium scorzonerifolium, un allium de flores amarillas que es endemismo penínsular. Asphodelus serotinus, un gamón típico de suelos de ácidos (areniscas). Y una pequeña pero bonita flor de Alisma plantago-aquatica, una planta que necesita suelos muy encharcados.

Vamos arroyo arriba, ya por el margen derecho, hasta encontrar la zona mas estrecha del cauce. Estamos ante el vistoso Cañón del Salado. Un lugar de belleza prístina por donde el arroyo ha buscado salida horadando las lajas. Sobre la piedra destacan los "kettles" (o marmitas de gigante), de todos los tamaños.

En este paraje encontramos a la reina de las flores de las gargantas de Los Alcornocales. El Hojaranzo (Rhododendrom ponticum subsp. baeticum), especie protegida endémica de la península y que tiene en Los Alcornocales sus mayores poblaciones.

La Charca de las Palomas en la Garganta del Salado. En estas paredes anidó hasta hace poco el alimoche. Nos cuentan los guardas que esos bichos se aburrieron de tanta visita al lugar (el eterno dilema entre disfrutar de la naturaleza y evitar molestarla). Y en sus paredes mas sombrías puede verse el Psilotum nudum, el mas raro de los helechos de estas sierras, también endémico.

Ahora toca ascender la vertiente opuesta de la laja que antes descendimos. Se abre el cielo y el sol empieza a calentar. La roca húmeda de la lluvia de la mañana sube la sencación de calor.

Las grietas de formas poligonales forman una puzzle perfecto. Parece que caminamos por la piel de un enorme lagarto tendido.

Contraste de colores entre la cuesta rocosa, el alcornocal-quejigal de la Loma del Salado y el azul del cielo.

Andando sobre la roca ganamos altura de forma mas rápida que si fuésemos por el cerrado bosque que la rodea.

En el punto más alto miramos atrás para disfrutar de las vistas. En el horizonte aparece la malagueña Sierra Crestellina. El amigo Conteras aprovecha estos descansos para contarnos historias y leyendas que ocurrieron en estos parajes.

Un último vistazo a las Lajas del Salado antes de volver a las laderas de El Cochino. Coincidimos en que este rincón, tan singular y especial de Los Alcornocales es, por su singular paisaje y sus valiosos endemismos, digno de declararse zona de reserva. Un lugar más a cuidar, respetar y conservar.

La casa de El Cochino aparece en un pequeño prado entre alcornoques. Diego nos cuenta que el nombre proviene de los muchos puercos que en esta finca se criaban en la montanera.

La vuelta la hacemos por un carril de descorcha que ladea el Cerro de la Manceba. En una herriza junto al camino encontramos este gran saltamontes. Es Acinipe hespérica, el más grande (10 cm.) y pesado de la península, que lo hace torpe de movimientos. Para compensar tiene un color críptico para camuflarse con el entorno.

Después de haber visto, por primera vez, la Pinguicula ahora vemos la otra planta insectívora de la provincia, la drosófila (Drosophyllum lusitanicum) y además en plena floración.

Salimos de la finca, tras agradecer a los propietarios su amabilidad, y el amigo Contreras nos hace subir por la carreterilla de las Lomas de Cámara para disfrutar de un bello atardecer. Montamos el zoom aprovechando la aceptable visibilidad. Aunque Diego dice que "si el taró fuera mas claro se vería mejor". Lo más llamativo desde este mirador natural es la Bahía de Algeciras, con San Roque, La Línea y Gibraltar. En primer plano el Castillo de Castellar.

Hacia el sur puro vemos Los Alcornocales, el Jebel Musa marroquí y tras las nubes las montañas del Rif. Y pensar que son dos continentes diferentes y que nosotros sólo vemos una sucesión de montañas.

Hacia el norte una sucesión de sierras gaditanas, acabando en el horizonte con la Sierra de Grazalema malagueña.

Hacia el oeste brilla una cola del embalse del Barbate. Al fondo la costa atlántica en el tramo conileño-chiclanero. Casi oculto por la bruma, o el taró, los cerros de Medina Sidonia y el castillo de Torrestrella.

Muy cerca, al este, el Castillo de Jimena cuyo cerro oculta la población.

Casi de noche volvemos a Jerez después de un fenomenal día de senderos, bosques y piedras. A orillas de un arroyo cercano a la Almoraima nuestro amigo Iñigo nos propone hacer una última parada para ver unas plantas en plena floración. Entre otras flores, y ya a golpe de flash, retratamos esta Galega africana. una planta del otro lado del estrecho de la que hay raras citas en la península.

Y antes de quedarnos sin pilas fotografiamos este Lirio amarillo (Limniris pseudacorus), que no habíamos visto antes en flor. Bonito final para un día muy completo y gratificante.

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6 Mayo 2013

MESAS DE ASTA ... lugar de ventas y cortijos.

Hace unos días íbamos, de mañana, camino del Guadalquivir. Un amigo nos comentó que el Parque Natural Entorno de Doñana, entre Trebujena y Sanlúcar, estaba rebosante de primavera. Pero antes paramos en Mesas de Asta, un barrio rural en plena campiña viñera (aunque ahora, con menos viñas que otrora). A mitad de camino entre Jerez y el gran río Betis.

Mesas de Asta toma su nombre por estar situado en una elevación amesetada del terreno y encontrarse allí las ruinas de Asta Regia (o Hasta Regia). Ciudad romana que ya existió en época tartesia, fenicia y que posteriormente fué visigoda y musulmana. Se deshabitó en el siglo XI y se considera el origen del Jerez actual.

Las Mesas, en esta época del año están rodeadas de verdes campos de cereal, con llamativos manchones de amapolas.

La zona mas alta de las Mesas está declarada B.I.C. como yacimiento arqueológico; aunque allí no se excava desde mediados del siglo pasado. Ya sabéis: finca privada, dejadez institucional, falta de presupuesto, ... Y mientras tanto se mantiene la actividad agrícola que va destrozando, poco a poco, el yacimiento... Pero esta es otra historia (de abandono, claro).

Paramos a desayunar en la venta con mas solera de Mesas de Asta: la Venta El Cotito. Una venta con encanto que mantiene un sabor añejo en su mostrador, sus paredes y estanterías.

Por esto decía lo del sabor en las paredes.

Colección de herraduras y estribos.

Nos animamos a conocer el Cortijo La Mariscala. Un cortijo tradicional de la campiña acondicionado como alojamiento rural.

El casero del cortijo nos lo enseñó amablemente. Las habitaciones no, porque estaban limpiándose.

Puertas y ventanas se han pintado de rojo, dándole al cortijo un aire sevillano. En la campiña jerezana es más típico pintar con verde.

La casa de máquinas parece un viejo hangar. Construida con ladrillo y chapa ondulada.

Fachada con los ventanales. El cortijo tiene mas de dos siglos.

Junto a la fachada se mantiene una estrecha y cuidada acera de chinas de río.

Puerta grande de acceso al patio interior (permite el acceso de carruajes).

El suelo del largo zaguán está enlosado con una veintena de grandes losas de caliza. Cómo la piedra se desgata y resbala se le picaron unos surcos haciendo cuadros.

Guadarnés para los arreos de las caballerías.

En el jardín del cortijo se han instalado las viejas máquinas hoy en desuso. Como esta prensa para olivas fabricada hace mas de 100 años. Y tras pasar esta mañana de visitas etnológicas seguimos con la ruta prevista.

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29 Abril 2013

"OPERACION RESCATE CALAMITA" (Dehesa de las Yeguas)

 


"La medida del grado de educación de un hombre, es la manera como trata a los animales".

Berthold Auerbach (1812-1882), escritor alemán.


 

La Dehesa de las Yeguas es un pinar de repoblación, de pino piñonero, al borde de la marisma más interna de la Bahía de Cádiz. Se encuentra al nordeste de Puerto Real y está cruzado por la carretera CA-2015, conocida como la carretera de Bolaños. Cuenta con un área recreativa de uso intenso en determinadas épocas del año (de mediados de otoño a mediados de primavera). A pesar de ello, mantiene un excepcional interés botánico albergando a un gran número de especies, algunas de ellas endémicas y catalogadas.

 

Este excepcional invierno, lluvioso y frío que hemos tenido, ha mantenido al pinar menos transitado que otros años. Por eso su aspecto ha variado esta primavera. Muchas charcas pluviales, mas vegetación, menos polvo, mas flores, mas vida.

Esta semana dimos un paseo vespertino para disfrutar de este paraje. Fotografiamos estos pequeños enebros Juniperus navicularis.

Juniperus navicularis es un enebro que, hasta hace pocos años, era exclusivo (endémico) de la costa portuguesa. Fue en 2002 cuando unos amigos cercanos encontraron esta primera población española, aquí en Puerto Real. Todo un hallazgo. Posteriormente se han encontrado ejemplares en Huelva y en Málaga (estos últimos pendientes de certificar). Una joya botánica a conservar.

Otra joya de Las Yeguas es esta pequeña margarita de limbos blancos con la base amarilla. Hymenostemma pseudoanthemis está catalogada como especie "vulnerable", es endémica de la provincia y curiosamente sus principales poblaciones se encuentran en parajes de uso público; como este pinar.

También encontramos especies mas comunes pero no menos vistosas, como este aro, Arum italicum, pariente cercano de las calas de jardín.

Como abundan las jaras también encontramos Cytinus hypocistis, que las parasitan.

Otras plantas de Las Yeguas: Trifolium arvense (arriba) y Scrophularia auriculata.

Tres de las mas pequeñas (de izq. a der.): Hypochaeris glabra, Cotula coronopifolia y Misopates orontium.

Otro endemismo del sur peninsular: Euphorbia boetica.

Este pequeño bombílido se acerca a una flor de jara blanca (Cistus albidus). La foto está realizada con una velocidad de 0,0005 segundos ¡¡ y las alas no se ven !!

Flores de Armeria macrophylla.

Mariposa arlequín (Zerynthia rumina); debe su nombre común a los motivos y colores de sus alas, que recuerdan los del traje del arlequín.

Otras flores del pinar: Jasione montana (izq.), Campanula lusitanica (arriba) y Pulicaria odora (abajo).

La capa freática del pinar está a tope, por lo que encontramos varios charcos que le dan un toque especial.

Una de las charcas más grandes del pinar. Tiene que llover mucho, como ha llovido, para que se formen.

En uno de ellos vemos como el agua se mueve revuelta por numerosos renacuajos. Demasiados para una charca tan exigua. Son renacuajos de sapo corredor, que en este estado son herbívoros, pero que por ser muchos en tan poco espacio están empezando a devorarse los grandes a los pequeños.

Sin mas remedio seguimos nuestro paseo. Encontramos algunos brezos en flor, como este Erica scoparia.

O esta pequeña flor albina de Ajuga iva var. pseudo-iva.

Y mas pequeñas todavía, estas plantitas a ras de suelo: Chaetonychia cymosa y Paronychia echinulata.

Y por el suelo encontramos a este eslizón tridáctilo ibérico (Chalcides striatus). Un reptil, a mitad de camino entre lagarto y serpiente, en regresión por alteración de su hábitat.

Volvemos a casa y comentamos el tema de los renacuajos con Pablo, que se lo dice a sus amigos Juan y Juanca, y entre todos montamos una "Operación Rescate" para aliviar la estrechez de esos bichejos en tan poca agua. El sábado por la mañana volvemos al Pinar de las Yeguas.

Algunas charcas cercanas a los brezos presentan este aspecto. Es el polen de estos arbustos que, con el fuerte viento de levante, ha caído al agua dándole este aspecto.

Durante un rato buscamos el charco de los sapillos. Uno de los mas pequeños del pinar.

Han pasado tres días y el agua ha mermado bastante. La profundidad es de 10-15 cm. en el centro. Si no vuelve a llover y la metamorfosis de los sapillos es mas lenta que la desecación natural del charco, estos acabarán secos en el lecho.

Como los anfibios son de los vertebrados en mayor declive a nivel mundial (entre las diez especies más amenazadas del mundo se encuentran tres anfibios; y entre las cien más amenazadas, hay treinta y tres), hemos decidido salvar a estos renacuajos de Sapo corredor (Epidalea calamita - Bufo calamita) y aportar un granito de arena a su conservación.

Botellas, fiambreras y redes son los instrumentos que se utilizaron.

Pudimos "pescar" varios cientos de estos renacuajos. Y aún quedaron bastantes allí.

También aparecieron, en la red, otros animalillos acuáticos como este anostráceo que podría ser Branchipus cortesi o B. schafferi. Pequeño crustáceo de agua dulce cuya apariencia no ha cambiado desde el Jurásico y considerado como un fósil viviente.

También aparecieron otros insectos acuáticos como (izq.) Notonecta glauca (nadador de espaldas) y esta ninfa de libélula (der.).

Por allí había algunas arañas como este lycósido que no dudó en cruzar el charco, temiendo que lo pisáramos.

O estas dos arañas, comunes pero muy vistosas: Tetragnatha montana (izq.) y Synaema globosum (der.).

Y andando por el pinar vimos una numerosa población de esta orquídea violeta Limodorum abortivum (que no florece todos los años).

Pablo nos enseñó este bonito ejemplar de Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythurus).

Detalle de Lagartija colirroja con ocelos amarillo.

En la charca mas grande estuvimos soltando un buen número de renacuajos, para así repartir la prole.

Decidimos soltar el resto de los "futuros" sapos corredores en el Arroyo de las Yeguas, que en esta época va abundante de agua por el rebose de un canal de riego. Tienen por delante una extensa zona húmeda que enlaza con las marismas de Cetina y  La Tapa.

Para acabar una foto de Sapo corredor (Epidalea calamita), que encontramos el pasado enero en una zona encharcada cerca de Grazalema. Esta especie ha sido catalogada por la IUCN como "preocupación menor" (LC) a nivel mundial y en España desde 2006. Su mayor amenaza es la destrucción de su hábitat, la acidificación de las aguas y la polución.

 

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23 Abril 2013

LA LAJA DE LOS JUNCALES


"La España que amamos y sobre la que escribimos no es la España del turista. Estos se contentan con las rutas y carreteras principales que enlazan una ciudad con otra; algunos, como mucho, se aventuran por los caminos secundarios. Pero nuestra España empieza donde éstos terminan."

Primera frase del libro "Unexplored Spain" (1910) de Chapman & Buck


 

Coincidimos en gustos, mas de cien años después, con Chapman y Buck. De los que mas nos gusta andar y recorrer son aquellos sitios y parajes que no vienen en guías ni tienen reseñas. Para ello, generalmente, hay que tomar carreteras secundarias, o terciarias, y buscar caminos abandonados o perdidos por falta de tránsito. La Laja de Los Juncales es un paraje escondido en una ladera del Guadalete medio. Entre Algodonales y Puerto Serrano, cerca de la aldea de La Muela. Hace tiempo que veníamos tramando, junto con el amigo Pedro Sánchez, de Villamartín, el acercarnos a este curioso lugar que sólo conocíamos de verlo, frente a frente, desde el Cerro del Cincho y del que no teníamos ni idea de cómo llegar a él. Finalmente, con ayuda de los señores Google, Iberpix y Garmin, trazamos una ruta posible que nos llevó hasta La Laja.

 

Es primavera, por las flores y la verde hierba. Pero por el calor de este día y la aridez del Cerro del Juncal (634 m.), nuestro inicio de ruta, mas parece un día de verano en nuestra sierra.

Para iniciar nuestra ruta tendremos antes que recorrer en coche la vieja comarcal C-339, que originalmente unía Marchena (Sevilla) con San Pedro de Alcántara (Málaga). Hoy sólo queda este tramo entre Morón y Algodonales. Es un carretera estrecha, de las que se transitan despacio, disfrutando de los cortijos y caseríos que la jalonan. Como este blanquísimo Cortijo del Albero.

También tiene buenas vistas, como la que regala este singular cerro, cortado a tajo por una de sus caras por el Arroyo de los Corrales.

Dejamos a un lado la entrada a La Muela, ruta habitual de los parapentistas que saltan desde la Sierra de Líjar.

Ya andamos, buscando el Guadalete, rodeando el Cerro del Juncal. De fondo la crestería completa de la Sierra del Pinar. Con el Pico San Cristóbal y el Torreón destacando.

Entre las flores del cerro destaca este abundante junquillo azul (Aphyllanthes monspeliensis). ¿Podría darle el nombre de El Juncal al cerro?

La sorpresa botánica de este paraje fue esta flor de pétalos morados y polen azul. Es la Roemeria hybrida, una pequeña amapola escasa por el sur y difícil de ver ya que es una flor muy delicada y que dura poco.

El primer tramo lo hacemos por un sendero bastante marcado que lleva a la Casa del Juncal, en ruinas y que visitamos a la vuelta.

Cruzamos zonas de monte bajo y algunos rodales de olivar abandonado.

Los olivos se mantienen, a duras penas, ante la fuerte erosión del cerro.

La loma donde se asienta la Casa del Juncal presenta varios prados verdes y numerosos regatos. Seguro que hay una fuente cerca de la casa. A la vuelta comprobamos.

Senderos de cabras, que a veces se pierden y se vuelven a encontrar, nos llevan en dirección a La Laja. El Pinar siempre de fondo. Y ahora también vemos Sierra Margarita.

El Guadalete debe estar ahí abajo. Enfrente el Cerro de Cueva Morena y detrás la Sierra de la Espuela.

Para hacernos una idea mejor. Esta es la vista de Los Juncales desde el cerro de Cueva Morena. Nuestro destino es conocer la enorme piedra de forma hexagonal incrustada en el cerro. En los mapas topográficos aparece con el nombre de La Laja. Parece una enorme roca inclinada y hundida en la ladera.

En esta foto animada se ve mas claramente La Laja de Los Juncales.

Finalmente llegamos a La Laja. Aquí el monte bajo y olivar se ha tornado en un cerrado bosque mediterráneo de acebuches, algarrobos y madroños que cuesta transitar.

Buscamos un lugar abierto que nos permita ubicarnos y ver el fondo del valle. Llegamos a un saliente de La Laja, en un vértice superior del hexágono de piedra. A propuesta de Pedro lo "bautizamos" como el Mirador de La Laja.

El grupo expedicionario con Pedro, David, Pablo, Ernesto y Pepe (de izq. a der.).

A unos 200 m. por debajo corre el río Guadalete por uno de sus tramos mas inaccesibles y desconocidos.

Disfrutamos de las vistas y de un leve aire que nos refresca.

Sobre las rocas encontramos esta flor de silene. Se trata de Silene secundiflora, típica de roquedos calizos, pero mas habitual en zonas altas de Grazalema.

Nos adentramos en los huecos de La Laja. Entre los escarpes rocosos la temperatura baja unos grados y la humedad es mayor. Todavía en el Mirador está Pedro manejando el GPS con la ruta.

En las paredes del roquedo encontramos esta especie de helecho. Es Cosentinia vellea, un helecho atípico ya que gusta de zonas soleadas y aguanta bien el calor. Se distribuye desde Madeira y Canarias, por el Mediterráneo y hasta el Himalaya. Su nombre alude al hecho de estar cubierto de pelosidad.

En un hueco mas fresco encontramos un llamativo rodal de tulipán silvestre.

Tulipa sylvestris.

Una vista mas amplia del Mirador de La Laja, con una  amplia curva del Guadalete abajo y al fondo Sierra Vaquera, en el límite provincial gaditano-sevillano.

Volvemos sobre nuestros pasos y encontramos, bajo las jaras, estas "granadillas rojas" (Cytinus ruber).

Nos acercamos a la ruinosa Casa del Juncal, en un lugar privilegiado y rodeada de rellanos que fueron huertos y con una gran era en lo más alto.

Solo se mantienen los muros. En el hueco de la chimenea aparece la boca del horno de pan, que inusualmente estaba adosado a la casa por el exterior.

Un encharcado juncal, que seguro dió nombre a la casa (y puede que al cerro) nos avisa que estamos cerca de una fuente de agua que se mantiene casi todo el año. Efectivamente un descuidado manantial daba agua a la casa y sus huertos. Lo catalogamos en www.conocetusfuentes.

En este rincón mas húmedo encontramos algunas orquídeas. Como esta Oprhys lutea.

Oprhys speculum, espejos de venus.

A mediodía dejamos Los Juncales, con un calor de justicia para estar en abril. Tras comer algo e hidratarnos en el estanco de La Muela (que hace de estanco y bar de la aldea) decidimos parar en el viejo puente de La Nava.

Un paseo por la ribera del Gudalete nos regala bellas flores como este Allium roseum.

O este ramillete de patitas de burro (Gynandriris sisyrinchium).

O estos jopos raros y llamativos que parasitan las raíces del romero. Son exclusivos de la península y el Magreb: Orobanche latisquama.

Y para acabar, otra orquídea que no teníamos en nuestra colección: Serapias parviflora.

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17 Abril 2013

Primavera 2013

"Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes."

Khalil Gibran, escritor libanés (1883-1931)


 

Después de muchos días, semanas y meses de lluvia llega la primavera y también el calor a esta baja Andalucía. Y es que cada vez, la más llamativa de las estaciones, dura menos por estos lares. Pasamos de los abrigos y chubasqueros a las camisetas y gorras en cuestión de días. Así que tenemos que aprovechar para andar y pasear por playas, campos y sierras para captar esta explosión de diversidad que tanto nos gusta.

¡¡ Por fín llegó la primavera, pero... andate rápido que ya esta aquí el verano !!

 

Bonito amanecer de domingo (desde casa), después de muchos días grises y sin un horizonte claro. Nos vamos a El Cuervo (Sevilla) para subir a la Sierra de Gibalbín con los amigos de la Asociación Laguna de los Tollos y del Ateneo Arbonaida.

Gracias a una cuidada y bien organizada excursión podemos subir a esta sierra por la "vertiente sevillana". Cruzamos primero el Acebuchal de la Guillena (a la der. en la foto), bosque relicto de lo que fué este elevado paraje entre la campiña jerezana y sevillana.

En lo mas alto de Gibalbín, una parada junto a la torre del castillo sirve para que el amigo Agustín García Lázaro (www.entornoajerez.com) nos cuente la historia y la toponimia de esta sierra y las tierras que la circundan.

Un breve desvío de la ruta fijada nos permitió conocer y retratar esta fuente de la sierra que no estaba catalogada. Se conoce como Fuente de la Mora, queda dentro del témino municipal de Jerez y ya tiene su ficha en conocetusfuentes.com.

Al bajar de la sierra, despues de un agradable pic-nic en la Fuente de las Tenerías, nos encontramos varias sorpresas. Como los agujeros que los pitos reales (familia de los pájaros carpinteros) han taladrado en viejos postes de madera.

Vemos varias especies de orquídeas en los prados que dan al norte. Como esta Oprhys fusca, que en zonas más bajas de la campiña ya tiene las flores secas (es de las más tempranas del año).

Ramas floridas de Scrophularia sambucifolia subsp. sambucifolia (hierba vaquera) en dos de sus colores extremos. Sus corolas van del anaranjado-rojizo (izq.) al amarillo verdoso (der.), con todos los tonos intermedios posibles. Es endémica del suroeste peninsular y noroeste del Magreb.

Pero la gran sorpresa del día fué encontrar una pequeña población de peonías (Paeonia broteri). Una planta endémica de la península con grandes flores rosadas y cuyo hábitat ideal ha quedado relegado a sotobosques de sierras y montañas. Por lo tanto ya es rara de encontrar en la campiña.

Pero lo más singular y de gran rareza fué encontrar una planta de Paeonia broteri con flores blancas (albinas). Un fenómeno que es factible en muchas flores silvestres pero pocas veces se da en las peonías.

Grupo de senderistas bajando por la loma de La Guillena. Detrás el Cerro de la Atalaya (Lebrija). Ya en la campiña sevillana pueden verse las poblaciones de Las Cabezas y Los Palacios. Con prismáticos: los edificios altos y puentes de la ciudad de Sevilla.

Dejamos la campiña y nos vamos a la costa. Paseo por las Salinas de Tres Amigos y Río Arillo.


Colias crocea soleándose sobre la vegetación. Una de las mariposas que pueden verse volar casi todo el año.

Aquí también encontramos flores espectaculares como este jopo amarillo Cistanche phelypaea. Es una planta parásita, de ambientes salinos e incluida en la lista roja de flora andaluza.

Muy cerca del P.N. Bahía de Cádiz, está el Pinar de Hierro (Chiclana).

Un extenso parque peri-urbano que guarda una riqueza florística de gran interés. En la foto tres ramitas de Linaria viscosa en flor.

Flor sin abrir de Rhaponticum coniferum (antes Leuzea conifera), de nombre común
"cuchara de pastor" por la forma de las brácteas cuando se desprenden secas.

Esta pequeña margarita es Hymenostemma pseudoanthemis, una especie protegida y endémica exclusiva de la provincia de Cádiz. Es una especie en situación crítica ya que sus poblaciones no se encuentran en zonas naturales protegidas. Puede verse en el Pinar de Hierro.

Esta pequeña amapola es Papaver hybridum. La menos común de las amapolas campestres. Se distingue visualmente por tener cuatro pétalos y las anteras de color azulado.

Misopates orontium. Muy fotogénica.

En el pinar revoloteaban, aunque torpemente, estos vistosos escarabajos sanjuaneros (Polyphylla alba).

Entre las orquídeas de Pinar de Hierro fotografiamos esta Serapias cordiguera (izq.) y Serapias parviflora.

Tambien este altramuz amarillo (Lupinus luteus) que hemos puesto junto a un altramuz azul (Lupinus micranthus), que fotografiamos unos días después en Grazalema.

Otra de las joyas chiclaneras son estas pequeñas pero bellas linarias de arena. La de la izquierda es Linaria munbyana var. munbyana y la de la derecha la Linaria munbyana var. pygmaea. La primera del Pinar de Hierro y la segunda en una zona de dunas de la costa chiclanera. Gracias a Manuel A. Aragón (http://florasilvestrechiclanera.blogspot.com.es/) por guiarnos en este "rally" fotográfico.

Y del pinar a la costa chiclanera. Zona dunar entre los acantilados de Torre Bermeja y la playa de Lavaculos.

Otra linaria de arenales costeros con flores tricolores: Linaria pedunculata.

Este ciempies del orden Geophilomorpha, estaba cuidando de su numerosa prole. Un revoltijo de gusanitos de color rosa.

Erosión litoral. Al fondo la isla de Sancti-Petri con su castillo.

Y del litoral atlántico al mediterráneo. Nos acercamos con nuestro amigo Iñigo Sánchez a herborizar junto a la frontera de Gibraltar. En este paraje, conocido en La Línea como "el campo neutral", se dan varias plantas singulares.

Mientras buscamos una rarísima gramínea vemos esta llamativa amapola marina (Glaucium flavum).

Volvemos a encontrar Linaria pedunculata con dos coloraciones: la tricolor (violeta, amarillo y blanco) y otra con flores de color amarillo con nervios y espolón rojizo.

Muy cerca está el Fuerte de Santa Bárbara que, unido por una muralla al Fuerte de San Felipe, formaban La Línea de Contravalación (s. XVIII) para defender la frontera española. La población que creció junto a estos muros pasó entonces a llamarse La Línea de Gibraltar y posteriormente La Línea de la Concepción, su nombre actual. En la foto una planta en flor de Reichardia gaditana en un lienzo de muralla.

Otra llamativa flor amarilla es esta margarita de mar (Asteriscus maritimus), que aunque prefiere zonas de acantilados aquí llega a tapizar el suelo arenoso.

Finalmente encontramos esta poco vistosa asteracea y quizás por ello en peligro de extinción en la península. Se trata de Hypochaeris salzmanniana, una de las plantas más amenazadas de nuestro litoral. Sólo se conocen ocho poblaciones aisladas y distribuidas por la costa de Conil, Zahara, Tarifa, Algeciras y esta de La Línea.

Dejamos La Línea tras conseguir una buena colección fotográfica de especies botánicas.

Tarde de paseo por la campiña. Concretamente en unos cerros cercanos a Jerez. Cualquier arroyo lleva agua y buena fé de ello es esta frondosa planta semi-acuática Rorippa nasturtium-aquaticum (berro de agua) que tapiza un arroyo estacional.

Una de nuestras mariposas mas comunes (Zerynthia rumina) sobre la flor de Fedia cornucopiae.

Abrimos bien los ojos en busca de nuestro particular "jardín de las orquídeas jerezanas". Estas dos amapolas (Papaver rhoeas) también parecen mirarnos desde el suelo.

Buscando las orquídeas nos encontramos con esta numerosa reunión de escarabajos de una subespecie endémica de la campiña. Su nombre Alphasida martinezi gaditana. Nunca habiamos visto tanto número de ejemplares juntos. Siempre los solemos ver en la amplia zona de campiña que va de Jerez hasta la Sierra de Gibalbín.

Nos fijamos bien y ya entendemos el propósito de la "quedada" de tanto escarabajo. Están en plena época reproductora y se dedican a buscar compañer@ para copular. La primavera altera la sangre también de estos bichejos de bandas aterciopeladas.

Tras un rato de andada llegamos a nuestro "rincón de las orquídeas".

Orchis italica es la más espectacular de esta pequeña colección.

Sus labelos antropomorfos (con forma de figura humana) varian en color del blanco al rosado.

No faltan los "espejitos de venus" (Ophrys speculum).

Ophrys lutea, también abundante en este rincón a 5 minutos de Jerez.

Ophrys bombyliflora, la mas pequeña de su género. Toma su nombre de los bombílidos, unos abejorros parecidos a su flor.

Y la mas bella (para nuestro gusto) de este rincón. Ophrys scolopax, que toma su nombre de la becada o chocha perdiz (Scolopax rusticola), por la semejanza del rostelo de la flor con la cabeza de este tipo de aves.

Vimos un par de especies mas de orquídeas (O. fusca y O. tenthredinifera), pero un poco pasadas de floración. La de esta foto no es una orquídea pero no le falta belleza. Es Orobanche crenata, parásita de otras plantas como las leguminosas y las umbelíferas.

Un par de mariposas "cazadas" en la campiña. Jordanita globulariae (izq.) sobre una flor de viborera y la blanca punteada pediente de identificar.

Y llegamos a la Sierra de Grazalema, reventando de verdor y con agua por todos lados. Hay manantiales brotando por cualquier ladera de la sierra. En la imagen el Quejigo de las Hermanillas, árbol singular catalogado por su enormes dimensiones.

En la sierra la Oprhys tenthredinifera está en su punto de floración.

En el paraje de Las Hermanillas, en la ribera del Guadalete, pasamos junto a chozas y casas ruinosas. Estas laderas fueron habitadas, años ha, por pastores, carboneros y agricultores que aprovechaban cualquier prado para cultivar, a duras penas, cereales y legumbres.

En una zona de cultivo abandonada encontramos este Orobanche sp. Pendiente de clasificar.

Tras recorrer el paraje llegamos a nuestro objetivo del día. Conocer e inventariar esta fuente, conocida por los grazalemeños como Fuente del Pilar de los Bueyes. En su día debió ser el principal punto de agua para la gente del lugar y un gran abrevadero para hidratar a las bestias. Su ficha en www.conocetusfuentes.com

Seguiremos disfrutando de la primavera, mientras el tiempo lo permita. Todavía pueden volver las lluvias ("en abril aguas mil") o adelantarse el estío y, poco a poco, acabar con este intenso verdor. Como dice mi amigo Manolo (apañando a su estilo un viejo refrán): "en esta Andalucía, o se secan las fuentes o se caen los puentes".

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28 Marzo 2013

La Casería de Ossio


"Uno de los más bellos rincones del litoral en torno a la Bahía de Cádiz, la Casería de Ossio en la Isla de León (San Fernando), pequeñito cantón de gaviotas y peces, minúscula república de pescadores pobres, verdadero muestrario de puestas de sol y bajamares inigualables a orillas del más recoleto rincón de la bahía. No dejar de ir, ahora que aún podemos, a disfrutar de tan singular recoveco del océano y de sus modestos y enormes manjares".

Miguel Ángel García Argüez, escritor (La Línea de la Concepción, 1969)


Un amigo cañailla nos dijo: "os voy a enseñar un trocito del Caribe en la Bahía de Cádiz". Y tenía razón. Callejeando por San Fernando llegamos al barrio de la Casería de Ossio. Al fondo de de este lugar, en un saliente de arena y fango llegamos a la Playa de la Casería. Sobre un viejo bastión defensivo de principios del XIX, que asoma a la Bahía de Cádiz, se levanta un pequeño pueblito de pescadores artesanales. Construido con latas, restos de barcos y cualquier material aprovechable pintados con vivos colores sobrevive al embate de las olas y a la sombra de los mas altos edificios de la villa, que amenazan con ampliarse hasta un proyectado paseo marítimo. Merece la pena visitar este rinconcito isleño, recorrer sus callejuelas, estrechas y arenosas, y asomarse al Parque Natural Bahía de Cádiz desde sus terrazas de restos reciclados. Y si es posible probar en algunos de sus barecitos de maderas multicolores el mejor pescaíto frito de la bahía. Toda una reliquia etnológica que debería protegerse y conservarse.

Plano de 1813, de la Batería de Ossio, en el saliente donde hoy se asienta el pequeño barrio de pescadores. La familia "de Ossio y Salazar", potentados aduaneros,  fue propietaria de un molino de marea en este punto de la costa, dándole nombre al paraje. También fueron propietarios de otros molinos, salinas y haciendas..., e incluso del Palomar de la Breña de Barbate.



La Junta destaca el potencial social y económico del patrimonio cultural de la pesca en la provincia gaditana

noticia del 11/03/2013

La Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente destaca la capacidad del patrimonio cultural de la pesca de la provincia de Cádiz para impulsar la diversificación social y económica de los municipios que se asientan a lo largo del litoral.

Según indica la Junta en un comunicado, así se recoge en la 'Guía del Patrimonio Cultural de la Pesca en Andalucía', editada por la Consejería, en la que se pone de manifiesto la apuesta de la Junta por la diversificación del sector pesquero mediante la fusión de su actividad tradicional con el turismo, la puesta en valor de su cultura y la divulgación de las formas de vida que han mantenido, generación tras generación, los habitantes de esta zona.

En el caso de la provincia de Cádiz, la publicación destaca los municipios de Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Rota, El Puerto de Santa María, Cádiz, San Fernando, Chiclana de la Frontera, Conil de la Frontera, Barbate, Tarifa, Algeciras y La Línea de la Concepción.

Entre los elementos que conforman el patrimonio arquitectónico característico de estos municipios se encuentran los faros, las torres costeras, los puertos pesqueros, los barrios marineros, las salinas, los esteros, las almadrabas, los parajes naturales y los aqueológicos.

.../...

En San Fernando se encuentran el Muelle de Gallineras y la Casería de Ossio, un barrio periférico con playa y puerto del norte de la ciudad. En Conil de la Frontera se encuentra La Chanca, construida en el siglo XVI como fabrica de salazones y almacén de barcas y pertrechos de las almadrabas. Igualmente, destaca la Chanca de Barbate y su industria conservera y salazonera; y el Castillo de Zahara de los Atunes, de finales del siglo XV.

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Sobre mí

Hola gente: Me llamo José Manuel, nací y vivo en Jerez de la Frontera. Desde siempre me atrajo lo de andar por la montaña y durante toda mi vida he dedicado mucho de mi tiempo libre a conocerlas, ascenderlas y pasear por ellas. Además de las zonas naturales de la península he tenido la suerte de conocer otras en Europa, Africa y Asia. Ahora, con el paso de los años y por otras cuestiones, voy a otro ritmo: mas pausado y fijándome en todo lo que piso o me sobrevuela. En este blog podréis ver mis habituales paseos por campos y sierras cercanos y algún paseo por otros parajes mas lejanos. Espero que os guste. Si tenéis alguna duda o aportación podéis dejar vuestro comentario en el blog o en el correo jmav(arroba)ono.com.

Soy socio del Club Montañero Sierra del Pinar desde 1975

También soy miembro de la Sociedad Gaditana de Historia Natural

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